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¿Tu cerebro utiliza diferentes lados para diferentes idiomas? | Glossart Languages
¿Dónde se encuentran los diferentes idiomas en el cerebro y utiliza cada uno un lado diferente? Descubre cómo el cerebro multilingüe procesa y cambia entre idiomas, y cómo la memoria, las emociones, la experiencia, el dominio y la edad de aprendizaje influyen en la forma en que nuestras lenguas están conectadas.
Evangelia Perifanou
9/4/202610 min leer


¿Tu cerebro utiliza diferentes lados para diferentes idiomas? | Glossart Languages
Si hablas más de un idioma, ¿dónde se encuentran realmente esos idiomas en tu cerebro?
¿Tu lengua materna está almacenada en un lugar y tu segunda lengua en otro?
¿Podría estar el inglés en un lado, el español en otro y el griego ocupar una parte completamente diferente?
Y cuando cambias de idioma en medio de una conversación, ¿tu cerebro cambia también de zona?
A menudo escuchamos que el lenguaje pertenece al lado izquierdo del cerebro.
También escuchamos que el hemisferio izquierdo es lógico, mientras que el derecho es creativo.
Pero la realidad del cerebro multilingüe es mucho más compleja.
Y mucho más interesante.
Tus idiomas no están simplemente almacenados en compartimentos separados.
Forman parte de un sistema interconectado que tu cerebro aprende a gestionar cada día.
¿El lenguaje realmente se encuentra en el lado izquierdo?
Hay algo de verdad detrás de la idea de que el lenguaje está estrechamente relacionado con el hemisferio izquierdo.
En la mayoría de las personas, aspectos importantes del procesamiento del lenguaje están asociados principalmente con redes del hemisferio izquierdo.
Esto incluye muchos de los procesos implicados en producir el habla, comprender palabras y frases y organizar la información lingüística.
Dos áreas famosas que suelen mencionarse cuando hablamos del lenguaje son el área de Broca y el área de Wernicke.
Históricamente, el área de Broca se ha asociado con la producción del habla, mientras que el área de Wernicke se ha relacionado con la comprensión del lenguaje.
Pero la neurociencia moderna nos ha demostrado que el lenguaje está mucho más distribuido de lo que sugieren estas explicaciones simplificadas.
Cuando mantienes una conversación, tu cerebro no activa un pequeño «centro del lenguaje».
Diferentes redes trabajan juntas.
Escuchar.
Hablar.
Recordar palabras.
Comprender la gramática.
Reconocer la intención de otra persona.
Interpretar emociones.
Seguir el contexto.
Todos estos procesos requieren la cooperación de diferentes áreas del cerebro.
Entonces, ¿qué hace el hemisferio derecho?
Imagina que alguien te dice:
«Qué maravilla.»
Una frase sencilla.
Pero ¿qué significa realmente?
Quizá esa persona esté verdaderamente contenta.
O quizá haya ocurrido algo terrible y esté siendo sarcástica.
Las palabras pueden ser exactamente las mismas.
¿Qué cambia?
La voz.
La situación.
La emoción.
La intención.
El hemisferio derecho puede contribuir a aspectos de la comunicación como la prosodia la melodía y el ritmo del habla, el tono emocional, el contexto general y algunas formas de significado no literal.
Por eso comprender el lenguaje no consiste únicamente en comprender palabras.
A veces necesitamos entender lo que existe detrás de las palabras.
Piensa en el sarcasmo
Alguien mira por la ventana.
Está lloviendo muchísimo.
Dice:
«¡Qué tiempo tan maravilloso!»
Si comprendieras únicamente el significado literal de la frase, podrías pensar que realmente le gusta el tiempo.
Pero tu cerebro combina varias cosas.
Las palabras.
El tono.
La expresión facial.
La situación.
Tu conocimiento sobre cómo se comunican las personas.
Y de repente entiendes:
Probablemente está siendo sarcástico.
Por lo tanto, el lenguaje no es simplemente vocabulario y gramática.
También es emoción, intención y contexto.
Y comprender todo eso requiere que diferentes sistemas cerebrales trabajen juntos.
¿Qué ocurre cuando hablas dos idiomas?
Ahora las cosas se vuelven todavía más interesantes.
Imagina que hablas inglés y español.
¿Ocupa el inglés una zona del cerebro mientras que el español ocupa otra?
En general, no.
Las investigaciones sobre bilingüismo sugieren que diferentes idiomas suelen utilizar redes neuronales que se solapan considerablemente, especialmente cuando una persona tiene un alto nivel de dominio de ambos.
Tu cerebro no necesariamente construye un sistema lingüístico completamente separado cada vez que aprendes un nuevo idioma.
En cambio, los nuevos idiomas se integran en las redes existentes, al mismo tiempo que desarrollan patrones relacionados con cómo y cuándo los aprendiste.
Tus idiomas pueden compartir recursos neuronales.
Pero eso no significa que estén representados exactamente de la misma manera.
¿Cuándo aprendiste el idioma?
Imagina dos personas que hablan un inglés excelente como segunda lengua.
Una empezó a aprender inglés a los tres años.
La otra empezó a los treinta.
Hoy, ambas pueden comunicarse con fluidez.
Pero sus cerebros no necesariamente siguieron exactamente el mismo camino para llegar hasta allí.
La edad de adquisición puede influir en cómo se representa y procesa un idioma.
Una lengua aprendida muy temprano puede integrarse profundamente con los sistemas implicados en la primera lengua.
Una lengua aprendida más tarde puede requerir inicialmente mayor atención consciente y control cognitivo.
Pero el dominio también importa.
Un idioma que antes requería un enorme esfuerzo puede volverse cada vez más automático después de años de uso habitual.
El cerebro cambia con la experiencia.
A tu cerebro no solo le importa la edad
El momento en el que aprendiste un idioma es solo una parte de la historia.
Otra pregunta importante es:
¿Cuánto lo utilizas realmente?
Imagina que estudiaste francés durante diez años en el colegio, pero ahora apenas lo utilizas.
Después imagina que te mudas a Francia y empiezas a utilizar francés todos los días.
En el trabajo.
En el supermercado.
Con amigos.
Por teléfono.
Mientras ves la televisión.
Mientras resuelves problemas.
Mientras expresas emociones.
La relación entre tu cerebro y ese idioma empieza a cambiar.
La experiencia lingüística es dinámica.
Un idioma puede volverse más fuerte.
Más automático.
Más accesible.
Y otro idioma puede volverse temporalmente menos accesible si lo utilizas con menor frecuencia.
Esta es una de las razones por las que el multilingüismo no es un estado fijo.
Nuestros idiomas cambian con nuestras vidas.
¿Tu lengua materna siempre sigue siendo dominante?
No necesariamente.
Imagina que alguien crece hablando portugués.
A los veinticinco años se muda a España.
Empieza a trabajar en español.
Su pareja habla español.
Sus amigos hablan español.
Lee las noticias en español.
Gestiona citas, facturas y problemas cotidianos en español.
Diez años después, ¿qué idioma es dominante?
La respuesta puede depender de la situación.
El portugués puede seguir siendo el idioma más fuerte para los recuerdos de la infancia y las relaciones familiares.
El español puede volverse más rápido para el trabajo, la burocracia y las decisiones cotidianas.
Un idioma puede dominar una parte de nuestra vida mientras otro domina en otro ámbito.
El cerebro multilingüe no está organizado según una clasificación sencilla.
Responde a la experiencia.
¿Qué ocurre cuando cambiamos de idioma?
Quizá hayas vivido algo así:
Estás hablando en inglés.
De repente, alguien te habla en español.
Lo entiendes perfectamente…
pero durante un extraño segundo, la palabra en español que quieres decir no sale.
O respondes accidentalmente en inglés.
¿Por qué?
Porque los cerebros multilingües tienen que gestionar idiomas que pueden permanecer activos al mismo tiempo.
Cuando hablas un idioma, los demás no necesariamente desaparecen por completo.
El cerebro necesita mecanismos que ayuden a seleccionar el idioma que quieres utilizar mientras controla la interferencia de los demás.
Esta es una de las razones por las que cambiar de idioma resulta tan fascinante.
El cerebro no está simplemente apagando el inglés y encendiendo el español como si fueran dos interruptores.
Está gestionando la competencia entre sistemas interconectados.
¿Por qué a veces decimos la palabra equivocada?
Estás hablando en español.
Conoces la palabra en español.
La has utilizado cientos de veces.
Pero de repente aparece primero la palabra en inglés.
O quizá en griego.
O en portugués.
Esto no significa que hayas olvidado el español.
A veces, otro idioma simplemente está más activado en ese momento concreto.
Quizá lo estabas hablando cinco minutos antes.
Quizá utilizas esa palabra con mayor frecuencia en otro idioma.
Quizá la persona con la que estás hablando está asociada con una lengua diferente.
Tu cerebro está decidiendo constantemente entre diferentes posibilidades.
Normalmente, esto ocurre de manera tan eficiente que ni siquiera lo notamos.
Solo nos damos cuenta cuando «gana» el idioma equivocado.
Diferentes personas pueden activar diferentes idiomas
¿Alguna vez te ha resultado extrañamente difícil cambiar de idioma con alguien?
Quizá siempre has hablado inglés con un amigo determinado.
Y un día descubres que los dos habláis español.
Decidís cambiar de idioma.
Y se siente… extraño.
¿Por qué?
Tú conoces el idioma.
La otra persona también.
No existe ningún problema práctico.
Pero tu cerebro puede haber creado una asociación muy fuerte entre esa persona y el inglés.
Los idiomas no existen únicamente como sistemas gramaticales.
Se conectan con personas.
Lugares.
Relaciones.
Recuerdos.
Etapas de nuestra vida.
Una persona puede convertirse en un contexto lingüístico.
Y cambiar ese contexto puede resultar sorprendentemente poco natural.
¿Las emociones utilizan las mismas redes lingüísticas?
Ahora piensa en algo más personal.
Imagina que dices:
«Te quiero.»
Después dices lo mismo en tu lengua materna.
¿Se siente exactamente igual?
Para algunas personas multilingües, sí.
Para otras, absolutamente no.
Determinadas palabras pueden tener asociaciones emocionales más fuertes debido a cuándo, dónde y con quién las aprendimos.
Nuestra primera lengua suele estar relacionada con la infancia, la familia y nuestras primeras experiencias emocionales.
Una lengua aprendida más tarde puede estar asociada con la edad adulta, el trabajo, la independencia, las relaciones o un nuevo país.
Esto no significa necesariamente que un idioma sea más emocional que otro.
Significa que los idiomas pueden estar vinculados a historias emocionales diferentes.
¿Y qué ocurre con el pensamiento?
¿En qué idioma piensas?
Parece una pregunta sencilla.
Pero para las personas multilingües, la respuesta puede ser:
Depende.
Quizá planificas tu jornada laboral en inglés.
Cuentas en griego.
Discutes contigo mismo en español.
Recuerdas tu infancia en tu lengua materna.
Piensas en una persona determinada en el idioma que utilizas con ella.
El cerebro no necesariamente elige un único «idioma del pensamiento» permanente.
El contexto puede influir en qué idioma resulta más accesible en un momento determinado.
A veces ni siquiera nos damos cuenta del cambio.
¿Un idioma hace trabajar más al hemisferio derecho?
Aquí debemos tener cuidado.
Es tentador decir:
«Mi primera lengua está en el lado izquierdo y mi segunda lengua en el derecho.»
Pero el cerebro no divide los idiomas de una forma tan sencilla.
Del mismo modo, afirmar que un hemisferio «se ocupa del lenguaje» mientras que el otro «se ocupa de las emociones» es demasiado simplista.
Ambos hemisferios participan en la comunicación a través de redes complejas.
El equilibrio puede variar dependiendo de la persona, la tarea, el nivel de dominio, la edad de adquisición y otros factores.
Leer una palabra no es lo mismo que comprender el sarcasmo.
Nombrar un objeto no es lo mismo que seguir una historia emocional.
Traducir no es lo mismo que mantener una conversación espontánea.
Por eso, la pregunta no es simplemente:
¿En qué lado se encuentra el idioma?
Una pregunta mejor podría ser:
¿Qué redes necesita el cerebro para lo que estoy haciendo con el lenguaje en este momento?
El mito de las personas de «cerebro izquierdo» y «cerebro derecho»
Quizá hayas escuchado a alguien decir:
«Soy de cerebro izquierdo, por eso soy una persona lógica.»
O:
«Ella es de cerebro derecho porque es creativa.»
Es una idea muy popular.
Pero la cognición humana no divide a las personas de una forma tan sencilla.
Sí existe la lateralización: algunas funciones pueden depender más de un hemisferio que del otro.
Pero la creatividad, la lógica, las emociones y el lenguaje surgen de redes complejas que implican la comunicación entre diferentes regiones del cerebro.
No te vuelves creativo porque «utilices el hemisferio derecho».
Y aprender un idioma tampoco significa activar un hemisferio mientras ignoras el otro.
El cerebro funciona como un sistema.
¿Qué ocurre cuando aprendes un tercer o cuarto idioma?
¿Se queda finalmente el cerebro sin espacio?
Afortunadamente, no.
Aprender otro idioma no significa encontrar un rincón vacío del cerebro y guardar allí el nuevo vocabulario.
El cerebro es adaptable.
Construye y modifica conexiones.
Los nuevos conocimientos lingüísticos interactúan con lo que ya existe.
Por eso conocer varios idiomas puede ayudarnos algunas veces a aprender uno nuevo.
Empezamos a reconocer patrones.
Vocabulario similar.
Relaciones gramaticales.
Sonidos.
Familias de palabras.
Pero también puede producir interferencias.
El italiano aparece mientras estás hablando español.
El español aparece mientras intentas hablar portugués.
La pronunciación francesa se introduce en tu inglés.
El cerebro multilingüe negocia constantemente entre similitudes y diferencias.
Tus idiomas no son habitaciones separadas
Quizá una de las formas más útiles de imaginar el multilingüismo no sea como una casa con habitaciones separadas.
El inglés aquí.
El español allí.
El griego arriba.
El francés en el sótano.
La realidad está mucho más interconectada.
Tus idiomas pueden compartir estructuras.
Competir por tu atención.
Influir en la pronunciación.
Activar recuerdos.
Despertar emociones.
Tomar prestadas expresiones unos de otros.
Y volverse más fuertes o más débiles dependiendo de cómo vivas tu vida.
Son idiomas diferentes.
Pero dentro del cerebro también forman parte de un único sistema multilingüe.
El cerebro cambia con los idiomas que vivimos
Quizá esta sea una de las cosas más bonitas del multilingüismo.
Aprender otro idioma no significa simplemente añadir vocabulario a nuestra mente.
Le proporciona al cerebro otro sistema que gestionar.
Otro conjunto de sonidos.
Otro ritmo.
Otra manera de organizar las frases.
Otra colección de recuerdos.
Otro mundo social.
Y con el tiempo, el cerebro se adapta.
Un idioma que antes parecía lento puede volverse automático.
Un idioma que antes requería traducción puede convertirse en el idioma en el que sueñas.
Un idioma que comenzó en un aula puede acabar convirtiéndose en el idioma de tu carrera, de tus amistades o de tu familia.
El cerebro no permanece exactamente igual mientras todo esto sucede.
La experiencia moldea el cerebro multilingüe.
Quizá la mejor pregunta no sea «¿dónde?»
A menudo queremos saber:
¿Dónde está el inglés en el cerebro?
¿Dónde está el español?
¿Dónde está mi lengua materna?
Pero quizá el lenguaje no sea algo que podamos comprender simplemente encontrando su dirección.
La pregunta más interesante podría ser:
¿Cómo coordina el cerebro todo lo que requiere el lenguaje?
Palabras.
Gramática.
Sonidos.
Memoria.
Emoción.
Atención.
Contexto.
Relaciones sociales.
Significado.
Y cuando hablamos varios idiomas, el sistema se vuelve todavía más dinámico.
Nuestros idiomas no están aislados unos de otros.
Y tampoco están separados de quienes somos.
Se conectan con las vidas que construimos a través de ellos.
Una pregunta para ti
Si hablas más de un idioma, ¿has notado que cada uno parece estar conectado con una parte diferente de tu vida?
Quizá un idioma aparece cuando trabajas.
Otro cuando hablas con tu familia.
Otro cuando cuentas.
Otro cuando te emocionas.
Y otro cuando piensas en una persona determinada.
¿Alguno de tus idiomas se siente más «automático» que los demás?
¿Y ha cambiado eso con los años?
Quizá lo más fascinante del cerebro multilingüe no sea dónde se almacena cada idioma, sino la naturalidad con la que aprende a moverse entre ellos.
Un idioma puede comenzar en un aula y, con el tiempo, convertirse en el idioma de una amistad, una carrera, una relación o un capítulo completamente nuevo de nuestra vida. Con cada nueva experiencia, su lugar en nuestra mente continúa evolucionando.
En Glossart Languages, entendemos el multilingüismo como algo dinámico. Nuestros idiomas crecen con nosotros y se conectan con diferentes personas, lugares, emociones y versiones de nosotros mismos.
Y quizá eso sea lo que hace que la mente multilingüe sea tan extraordinaria: no nos limitamos a aprender diferentes idiomas; construimos diferentes partes de nuestra vida a través de ellos.
Diferentes idiomas. Diferentes experiencias. Una sola mente multilingüe.
Con el tiempo, nuestro cerebro aprende a vivir en todos ellos.
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