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¿Pueden los animales aprender idiomas? | Glossart Languages
¿Entienden los animales nuestras palabras? Descubre qué revelan los estudios sobre perros y botones acerca del lenguaje y los límites de la comunicación animal.
Evangelia Perifanou
11/4/20264 min leer


¿Pueden los animales aprender algunos aspectos del lenguaje humano?
Lo que la investigación sobre comunicación animal puede y no puede decirnos.
Un perro trae el juguete correcto cuando dices su nombre. Otro pulsa un botón con la palabra «fuera» y espera junto a la puerta. Momentos como estos nos llevan a preguntarnos: ¿cuánto de nuestro lenguaje pueden comprender los animales?
Las investigaciones sugieren que algunos animales pueden aprender determinados elementos del lenguaje humano. Pueden relacionar palabras habladas con objetos o actividades, y algunos aprenden a utilizar símbolos diseñados por personas. Pero reconocer palabras, utilizar símbolos y comprender la gramática son capacidades diferentes. Las pruebas de una no demuestran automáticamente las demás.
Explorar estas diferencias nos ofrece una fascinante ventana a cómo se aprende el significado y a lo que implica conocer una lengua.
Cuando un sonido se convierte en un nombre
Un ejemplo extraordinario es Chaser, una border collie que aprendió los nombres de 1.022 objetos durante tres años de entrenamiento intensivo.
Los investigadores también evaluaron su capacidad para distinguir los nombres de los objetos de las órdenes. Sus resultados sugerían que podía aprender cómo se llamaba un objeto independientemente de la acción que se le pedía realizar con él. Esto iba más allá de memorizar una única rutina para cada juguete. Sin embargo, sus logros no significan que todos los perros puedan adquirir un vocabulario tan amplio.
El caso de Chaser ilustra una distinción importante: responder a un sonido conocido no es necesariamente lo mismo que reconocer ese sonido como el nombre de algo. Los experimentos que separan los nombres de las acciones ayudan a investigar esa diferencia.
Para quienes aprenden idiomas, esta conexión resulta familiar. Aprender una palabra implica algo más que recordar cómo suena. También necesitamos relacionarla con su significado y reconocer cuándo se utiliza.
¿Y los botones para «hablar»?
Los paneles de comunicación permiten a los animales pulsar botones que reproducen palabras grabadas. Un perro puede pulsar «jugar», «fuera» o una combinación de botones. Estas interacciones pueden parecer auténticas conversaciones, pero ¿qué muestran las pruebas?
Un estudio experimental de 2024 investigó si los perros entrenados respondían adecuadamente a palabras presentadas mediante botones o pronunciadas por una persona. Los resultados respaldaron la existencia de asociaciones aprendidas entre determinadas palabras y actividades, como jugar o salir. Las respuestas no dependían por completo del lenguaje corporal del dueño ni de que fuera él quien presentara la palabra.
Otro estudio examinó el uso de estos paneles por parte de 152 perros. Algunas combinaciones de dos botones aparecían con más frecuencia de lo que cabría esperar por azar, y los patrones no se explicaban por completo por la imitación de sus dueños. Los resultados sugieren un uso deliberado, aunque dejan abiertas preguntas sobre qué significan exactamente esas combinaciones para los animales.
Estos hallazgos son interesantes. Sin embargo, una combinación con significado no constituye automáticamente una oración gramatical. Para establecer que un animal comprende las relaciones entre las palabras hacen falta más pruebas.
Por qué un vídeo convincente no es suficiente
Imagina que un perro pulsa «comida» y después recibe su cena. Existen varias explicaciones posibles. Podría estar pidiendo comida, siguiendo una rutina conocida o repitiendo una acción que anteriormente le proporcionó una recompensa.
Un vídeo breve rara vez ofrece información suficiente para distinguir estas posibilidades.
Por eso, los investigadores plantean preguntas que la observación cotidiana no permite responder fácilmente. ¿El animal responde correctamente sin gestos? ¿Reconoce la palabra cuando la pronuncia una persona desconocida? ¿Puede aplicar lo aprendido en una situación diferente?
Estas comparaciones ayudan a separar la capacidad demostrada por el animal de la interpretación del observador humano. También hacen que los resultados sean más interesantes: cuando se eliminan las pistas habituales y el animal sigue acertando, los investigadores obtienen pruebas más sólidas sobre lo que ha aprendido.
La prudencia científica no disminuye el asombro. Le proporciona una base más firme.
Aprender palabras es una parte del aprendizaje de una lengua
Los estudios anteriores aportan pruebas de que algunos animales pueden aprender nombres de objetos, relacionar sonidos con actividades y producir combinaciones de botones que siguen ciertos patrones. No demuestran toda la flexibilidad del lenguaje humano.
La distinción importa. Conocer una palabra es diferente de comprender una oración nueva. Utilizar un símbolo para conseguir algo es diferente de explicar por qué lo quieres, describir una experiencia de ayer o imaginar las posibilidades del mañana.
Por eso, la pregunta «¿Pueden los animales aprender un idioma?» suele ser demasiado amplia. Una pregunta más productiva es: ¿Qué capacidades relacionadas con el lenguaje pueden aprender los animales y en qué condiciones?
Este enfoque permite investigar capacidades concretas sin esperar que la comunicación animal sea un reflejo de la nuestra.
Qué pueden llevarse de estas investigaciones quienes aprenden idiomas
Los estudios sobre comunicación animal no son métodos de enseñanza para humanos. Aun así, nos invitan a reflexionar sobre lo que queremos decir cuando hablamos de «aprender una lengua».
Reconocer vocabulario es un logro. Comprender su significado en distintos contextos es otro. Expresar una intención, interpretar el mensaje de otra persona y combinar palabras con flexibilidad añaden nuevas dimensiones.
Para quienes aprenden idiomas, el progreso puede adoptar muchas formas: reconocer una expresión familiar, comprenderla cuando la utiliza una persona diferente, emplearla en otra situación o adaptarla para expresar una idea propia.
Estos momentos nos recuerdan todo lo que sucede entre escuchar un sonido y hacerlo nuestro.
Donde la ciencia se encuentra con el asombro del lenguaje
Entre una palabra pronunciada y la respuesta atenta de un perro hay una pregunta científica: ¿qué ha comprendido? La investigación nos acerca a una respuesta, experimento a experimento. Cada descubrimiento revela algo sobre cómo se aprende el significado y cuánto nos queda por conocer.
El lenguaje humano nos permite dar forma a los recuerdos, compartir conocimientos e imaginar mundos que nunca hemos visto. Estudiar cómo responden otros animales a nuestras palabras nos invita a explorar los fundamentos de esa capacidad: las conexiones entre sonido, memoria, experiencia y significado.
En Glossart Languages, llevamos esta curiosidad al aprendizaje. Los descubrimientos científicos se convierten en puntos de partida para conversar y ayudan a nuestros estudiantes a explorar ideas, ampliar su vocabulario y expresar sus propias perspectivas.
Cada nueva lengua ofrece otra manera de observar, cuestionar y describir el mundo. A medida que los sonidos desconocidos adquieren significado, crecen nuestras posibilidades de comprendernos.
Porque aprender una lengua comienza con palabras y se abre al descubrimiento.
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