Por qué olvidamos nuestro propio idioma cuando vivimos en el extranjero | Glossart Languages

¿Por qué a veces una palabra en otro idioma nos viene a la mente antes que en nuestra lengua materna? Descubre la atrición lingüística, el cambio de código y lo que ocurre en la mente multilingüe cuando construimos una vida entre idiomas.

Evangelia Perifanou

9/2/202611 min leer

Por qué olvidamos nuestra propia lengua cuando vivimos en el extranjero: qué ocurre en la mente multilingüe

Estás manteniendo una conversación en tu lengua materna cuando, de repente, ocurre algo inesperado.

Una palabra sencilla desaparece.

Sabes exactamente lo que quieres decir. Puedes visualizar el objeto o comprender perfectamente el concepto, pero la palabra simplemente se niega a aparecer.

Y entonces, casi de inmediato, te viene a la mente… en otro idioma.

Tal vez llevas varios años viviendo en España y la palabra en español aparece antes que la griega, inglesa o portuguesa. O quizá trabajas principalmente en inglés y, de repente, te das cuenta de que conoces perfectamente la terminología profesional en inglés, pero te cuesta explicar la misma idea en tu lengua materna.

La experiencia puede resultar sorprendentemente desconcertante.

¿Cómo podemos olvidar palabras de una lengua que hablamos desde la infancia?

¿Estamos realmente perdiendo nuestra lengua materna?

¿O está ocurriendo algo mucho más complejo dentro de la mente multilingüe?

La respuesta se encuentra en la manera en que nuestros idiomas interactúan, compiten entre sí y se adaptan a la vida que estamos viviendo actualmente.

¿Qué es la atrición lingüística?

Los lingüistas utilizan el término atrición lingüística para describir los cambios que se producen en una lengua cuando una persona la utiliza con menos frecuencia o pasa un largo periodo inmersa en otro entorno lingüístico.

La palabra atrición puede sonar dramática. Puede dar la impresión de que una lengua está siendo borrada gradualmente de nuestro cerebro.

En realidad, el proceso suele ser mucho más sutil.

Una persona puede dudar antes de recordar una palabra conocida. Algunas expresiones pueden dejar de surgir con la misma naturalidad que antes. Otro idioma puede influir en la estructura de las frases o en la elección del vocabulario.

Esto no significa necesariamente que el conocimiento original haya desaparecido.

Muchas veces, la dificultad está relacionada con la recuperación de la información.

La palabra sigue formando parte de nuestro conocimiento lingüístico, pero acceder a ella puede llevarnos un poco más de tiempo.

Imagina un sendero en medio de un bosque.

Un camino que recorremos todos los días permanece despejado y resulta fácil de seguir. En cambio, un sendero que utilizamos pocas veces empieza poco a poco a hacerse menos visible.

Con el lenguaje puede ocurrir algo parecido.

Cuanto más frecuentemente recuperamos determinadas palabras y estructuras, más accesibles se vuelven.

¿Por qué aparece primero el otro idioma?

Cuando aprendemos otra lengua, esta no ocupa simplemente un espacio aislado dentro de nuestra mente.

Nuestros idiomas interactúan entre sí.

En las personas multilingües, varias palabras posibles pueden activarse cuando quieren expresar una idea. El cerebro debe seleccionar la palabra adecuada para el idioma que se está utilizando en ese momento y, al mismo tiempo, controlar otras alternativas que compiten con ella.

La frecuencia tiene una enorme importancia.

Imagina que una persona crece hablando griego, pero más adelante se muda a España.

Cada mañana habla español en la panadería.

Se comunica con sus vecinos en español.

Pide citas en español.

Gestiona bancos, contratos, transporte y trámites burocráticos en español.

Escucha español en la calle y lo ve en carteles, menús y anuncios.

Mientras tanto, quizá utilice el griego principalmente para hablar por teléfono con su familia o cuando vuelve de visita a su país.

Después de varios años, algunas palabras españolas se han recuperado cientos o incluso miles de veces en determinados contextos.

Por eso, cuando esa persona necesita expresar uno de esos conceptos, puede que simplemente aparezca primero la palabra en español.

No necesariamente porque conozca “mejor” esa palabra en español.

Puede ser simplemente porque ese es el camino que su cerebro ha recorrido con mayor frecuencia y más recientemente.

¿Compiten nuestros idiomas entre sí?

Una de las características más fascinantes del multilingüismo es que nuestros idiomas no siempre se “apagan” por completo cuando estamos utilizando otro.

Pueden permanecer activos en segundo plano.

Esto significa que hablar una lengua no consiste únicamente en activar el idioma que necesitamos, sino también en gestionar la interferencia de aquellos que no necesitamos en ese momento.

Esto puede explicar algunas situaciones muy familiares para las personas multilingües.

Empiezas una frase en un idioma y aparece una palabra de otro.

Sabes que esa palabra no corresponde al idioma de la conversación, pero, curiosamente, parece mucho más accesible.

O construyes una frase que es gramaticalmente posible, pero que suena un poco extraña porque su estructura ha recibido la influencia de otra lengua.

Por tanto, el cerebro multilingüe no se limita a almacenar varios diccionarios independientes.

Gestiona continuamente un complejo sistema lingüístico en el que los idiomas pueden colaborar y competir entre sí.

¿Qué es el cambio de código o code-switching?

A veces, las personas multilingües ni siquiera intentan evitar esta interacción.

Simplemente cambian de idioma.

Este fenómeno se conoce habitualmente como cambio de código o code-switching.

Una conversación podría sonar así:

“I'll call you después.”

“Tenemos que finish this today.”

“Θα πάω mañana porque hoy no puedo.”

Para alguien que habla solamente uno de esos idiomas, esta forma de comunicarse puede parecer caótica.

Pero entre personas que comparten las mismas lenguas puede resultar completamente natural.

El code-switching no indica automáticamente una falta de competencia lingüística.

A veces elegimos otro idioma porque una determinada expresión es más breve o más precisa. En otras ocasiones, una palabra posee un significado cultural que resulta difícil reproducir en otra lengua. También puede utilizarse para expresar humor, intimidad o pertenencia a un determinado grupo social.

Y, a veces, ni siquiera existe una decisión consciente.

La palabra que llega primero a nuestra mente simplemente se convierte en la palabra que pronunciamos.

Por qué algunas partes de nuestra vida empiezan a “pertenecer” a un idioma

Quizá una de las consecuencias más interesantes de vivir en el extranjero sea que determinados idiomas pueden quedar asociados a áreas concretas de nuestra vida.

Pensemos en alguien que se muda a otro país durante la edad adulta.

Su infancia transcurrió en un idioma.

Sus estudios universitarios quizá se desarrollaron en otro.

Su carrera profesional puede existir ahora principalmente en inglés.

Su relación de pareja puede funcionar en español.

Y las conversaciones con sus padres pueden seguir produciéndose casi exclusivamente en su lengua materna.

De esta manera se crean diferentes mundos lingüísticos dentro de una misma persona.

Pensemos en algo tan cotidiano como alquilar un apartamento en el extranjero.

Aprendemos las palabras relacionadas con las fianzas, los contratos, los suministros, el empadronamiento o las reparaciones en el idioma del país donde vivimos.

Más adelante, alguien de nuestro país de origen nos pide que le expliquemos cómo funciona todo el proceso.

Y, de repente, nos cuesta hacerlo.

Lo entendemos perfectamente.

Pero hemos aprendido y vivido esa experiencia a través de otro idioma.

El vocabulario, los documentos, las conversaciones y los problemas quedaron codificados dentro de ese entorno lingüístico.

No estamos simplemente traduciendo palabras.

Estamos traduciendo una experiencia que originalmente vivimos a través de otra lengua.

¿Vivir en el extranjero puede cambiar nuestra lengua materna?

Hasta cierto punto, sí.

Los idiomas se influyen mutuamente.

Una persona que ha pasado muchos años rodeada de otra lengua puede adoptar ocasionalmente algunas de sus estructuras o expresiones al hablar su idioma materno.

Puede traducir una expresión de forma demasiado literal.

Puede utilizar una preposición poco habitual.

Puede dudar ante una estructura gramatical que antes utilizaba de manera completamente automática.

Incluso el ritmo, la entonación o la pronunciación pueden verse influidos por una exposición prolongada a otro idioma.

Esto puede resultar extraño porque solemos considerar nuestra lengua materna como algo permanente.

Esperamos que las lenguas extranjeras cambien a medida que las aprendemos, pero rara vez pensamos que nuestra primera lengua también puede transformarse.

Sin embargo, una lengua no es una pieza de museo que permanece exactamente igual que durante nuestra infancia.

Es un sistema vivo.

Y los sistemas vivos responden a su entorno.

¿Podemos llegar a olvidar realmente nuestra lengua materna?

Depende de muchos factores, entre ellos la edad, la frecuencia de uso, el entorno lingüístico y el contacto que una persona mantiene con su primera lengua.

Sin embargo, tener dificultades ocasionales para recordar algunas palabras es muy diferente de perder completamente un idioma.

Para muchos adultos que viven en el extranjero, lo que perciben como “olvidar” una lengua puede ser, en realidad, una dificultad temporal para acceder a información que continúa presente.

Esta diferencia es importante.

Pensemos en esa experiencia tan habitual de saber que conocemos el nombre de una persona, pero ser incapaces de recordarlo en ese preciso momento.

El nombre no necesariamente ha desaparecido de nuestra memoria.

Simplemente no podemos recuperarlo en ese instante.

Y quizá diez minutos después aparezca de repente.

Con el lenguaje puede suceder algo parecido.

Una palabra de nuestra lengua materna puede volverse temporalmente menos accesible porque otra ruta lingüística es más fuerte en ese momento.

¿Qué ocurre cuando volvemos a nuestro país?

Algo igualmente interesante puede ocurrir cuando las personas multilingües regresan a su país de origen.

Las palabras empiezan a volver.

Expresiones que parecían lejanas vuelven a surgir automáticamente.

El ritmo de la conversación cambia.

El humor resulta más fácil.

Viejas expresiones aparecen sin ningún esfuerzo consciente.

Y, a veces, todo esto sucede sorprendentemente rápido.

¿Por qué?

Porque el entorno lingüístico ha vuelto a cambiar.

La lengua que antes se activaba con menos frecuencia ahora está en todas partes.

La escuchamos durante el desayuno.

La hablamos en las tiendas.

Escuchamos las conversaciones que ocurren a nuestro alrededor.

La vemos escrita en los carteles.

Oímos expresiones asociadas con nuestra infancia, nuestra familia y lugares conocidos.

Los antiguos caminos vuelven a llenarse de actividad.

Aquello que parecía haberse perdido quizá simplemente se había vuelto menos accesible.

La geografía emocional del lenguaje

No todas las palabras tienen el mismo peso emocional.

Nuestra lengua materna suele estar vinculada a nuestras primeras experiencias: las voces de nuestros padres, las amistades de la infancia, la escuela, las discusiones, el cariño, los chistes, las canciones y las tradiciones familiares.

Una lengua aprendida más adelante puede tener asociaciones completamente diferentes.

Puede representar independencia.

Trabajo.

Amor.

Viajes.

Un nuevo país.

Una nueva etapa de nuestra vida.

Esto significa que las personas multilingües no necesariamente experimentan todos sus idiomas de la misma manera desde el punto de vista emocional.

Una frase puede resultar íntima en una lengua y extrañamente distante en otra.

Un insulto puede sentirse más fuerte en el idioma de nuestra infancia.

Una declaración de amor puede resultar más fácil —o, en ocasiones, más difícil— en una lengua aprendida posteriormente.

El diccionario puede decirnos que dos palabras son equivalentes.

Nuestra memoria puede no estar de acuerdo.

¿Nos convertimos en personas diferentes cuando hablamos otros idiomas?

Muchas personas multilingües afirman sentirse ligeramente diferentes dependiendo del idioma que están hablando.

Esto no significa que desarrollen literalmente personalidades distintas.

El contexto desempeña un papel fundamental.

Quizá utilizamos una lengua principalmente con nuestra familia y otra fundamentalmente en el trabajo. Naturalmente, diferentes aspectos de nuestra personalidad aparecen en cada uno de esos entornos.

Pero el propio idioma también puede influir en nuestra manera de expresarnos.

Las lenguas ofrecen diferentes formas de expresar cortesía, emoción, certeza, distancia, humor y afecto.

Una persona puede sentirse más directa en una lengua y más expresiva en otra.

Puede resultarle más sencillo hablar de sus emociones en un idioma aprendido posteriormente porque esas palabras contienen menos historia emocional.

O puede ocurrir exactamente lo contrario: solo la lengua materna parece capaz de expresar algo profundamente personal.

La persona sigue siendo la misma.

Pero cada idioma le ofrece un instrumento ligeramente diferente a través del cual expresarse.

¿Es un problema el code-switching?

En el aprendizaje de idiomas, mezclar lenguas suele considerarse algo que debemos evitar.

En el aula existen buenas razones para animar a los estudiantes a mantenerse dentro del idioma que están practicando. Buscar una palabra que no recordamos ayuda a fortalecer nuestra capacidad de recuperación y ampliar nuestro vocabulario activo.

Pero fuera del aula, la comunicación multilingüe tiene otra finalidad.

Muchas veces, el objetivo es simplemente comunicarnos.

Si dos amigos multilingües pasan de manera natural del español al inglés durante una conversación, esto no significa necesariamente que estén comunicándose de forma incorrecta.

Simplemente refleja su realidad lingüística compartida.

La capacidad de pasar con flexibilidad de una lengua a otra puede ser, en sí misma, una muestra de un conocimiento lingüístico sofisticado.

La pregunta importante no siempre tiene que ser:

“¿He mantenido los idiomas perfectamente separados?”

A veces, la pregunta más interesante es:

“¿Por qué mi mente eligió ese idioma precisamente en ese momento?”

La diferencia entre conocer una palabra y poder acceder a ella

Esta distinción es especialmente importante para quienes están aprendiendo idiomas.

Solemos pensar que el vocabulario se divide en dos categorías:

Conozco esta palabra.

No conozco esta palabra.

Pero el conocimiento lingüístico es mucho más complejo.

Podemos reconocer una palabra cuando la leemos, pero ser incapaces de producirla cuando hablamos.

Podemos entenderla cuando otra persona la utiliza.

Quizá solo la recordemos después de escuchar la primera sílaba.

Podemos utilizarla fácilmente en un contexto y tener dificultades para recuperarla en otro.

También podemos conocer el mismo concepto en varios idiomas mientras que una de sus versiones llega constantemente a nuestra mente con mayor rapidez.

Por tanto, el conocimiento lingüístico no es simplemente una colección de palabras almacenadas en nuestra memoria.

También es una red de caminos que nos permiten llegar hasta esas palabras.

El uso fortalece esos caminos.

El contexto los activa.

La experiencia los transforma.

Vivir entre idiomas

Quizá por eso la expresión “olvidar nuestra lengua materna” no describe completamente la experiencia multilingüe.

Algo ha cambiado, sin duda.

Pero cambiar no siempre significa perder.

Cuando una persona construye su vida en otra lengua, el paisaje lingüístico de su mente se vuelve más complejo.

Un idioma contiene la infancia.

Otro contiene la vida adulta.

Uno guarda las viejas amistades.

Otro contiene las ambiciones profesionales.

Uno pertenece al lugar del que venimos.

Otro pertenece al lugar donde aprendimos a convertirnos en alguien nuevo.

Con el tiempo, las fronteras entre ellos pueden volverse menos claras.

Un pensamiento comienza en una lengua y termina en otra.

Un chiste se niega a ser traducido.

Un recuerdo regresa acompañado de palabras que no hemos utilizado durante años.

Una palabra extranjera parece más precisa que su equivalente en nuestra lengua materna.

Y, de vez en cuando, en medio de una conversación completamente cotidiana, olvidamos la palabra más sencilla del idioma que aprendimos primero.

Quizá nada haya desaparecido.

Quizá nuestra mente simplemente haya adquirido más lugares en los que el lenguaje puede vivir.

Cuando más de un idioma se siente como hogar

Vivir en el extranjero puede cambiar nuestra relación con el lenguaje porque también cambia nuestra relación con el concepto de hogar.

El hogar puede dejar de corresponder a un único país, una única cultura o un único mundo lingüístico.

Y nuestra voz también.

Nuestra lengua materna continúa formando parte de nosotros, pero ahora está acompañada por palabras recogidas en otros lugares, otras relaciones y otras versiones de nosotros mismos.

Los idiomas pueden interrumpirse.

Pueden tomar elementos prestados unos de otros.

Pueden competir por expresar el mismo pensamiento.

Pero también nos permiten movernos entre mundos que, de otro modo, permanecerían separados.

Por eso, quizá la próxima vez que una palabra en otro idioma aparezca antes que aquella que aprendiste durante tu infancia, no sea necesario pensar inmediatamente:

“Estoy olvidando mi idioma.”

Tal vez sea más interesante preguntarse:

“¿Por qué este idioma llegó primero a mi mente?”

La respuesta puede revelar algo sobre el lugar donde vivimos, las personas con las que hablamos, lo que hacemos cada día e incluso las experiencias que han dado forma a la persona que somos hoy.

No necesariamente dejamos atrás una lengua cuando otra empieza a formar parte de nuestra vida.

A veces, simplemente aprendemos a llevar dentro de nosotros más de un hogar lingüístico.

Una pregunta para ti

¿Alguna vez has olvidado una palabra sencilla en tu lengua materna, pero la has recordado inmediatamente en otro idioma?

¿Qué idioma aparece primero en tu mente cuando piensas en el trabajo, las relaciones, el hogar, las emociones o la vida cotidiana?

Y si vives en el extranjero, ¿aprender y vivir a través de otra lengua ha cambiado la manera en que hablas la tuya?

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No necesariamente perdemos nuestra primera lengua cuando construimos una vida en otra. A veces, simplemente, nuestro mundo interior se vuelve multilingüe.

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