¿Por qué los niños aprenden idiomas jugando? | Glossart Languages

¿Por qué los niños construyen fuertes con mantas, crean mundos imaginarios e imitan a los adultos? Descubre cómo el juego favorece el desarrollo del lenguaje y por qué podría reflejar un antiguo instinto humano.

Evangelia Perifanou

9/16/202612 min leer

blue and green balloons on white metal rack
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¿Por qué los niños aprenden idiomas jugando? ¿Podría tratarse de un antiguo instinto humano? | Glossart Languages

¿Alguna vez has observado a un niño construir una pequeña casa con sillas, cojines y mantas?

En cuestión de minutos, un rincón cualquiera del salón se convierte en un castillo, una tienda, un hospital o un escondite secreto. El niño decide quién puede entrar, inventa reglas y asigna un papel a cada persona. Un cojín se convierte en una cama, una caja de cartón en un horno y, de repente, un osito de peluche necesita atención médica.

Para un adulto, puede parecer un simple juego. Sin embargo, está ocurriendo algo mucho más complejo.

El niño está nombrando objetos, haciendo preguntas, dando instrucciones y escuchando las ideas de los demás. Explica lo que sucedió antes e imagina lo que podría ocurrir después. Quizá tenga que negociar, expresar su desacuerdo, convencer a alguien o modificar la historia cuando otro niño introduce una idea nueva.

En otras palabras, está utilizando el lenguaje con un propósito real, aunque el mundo que ha creado sea imaginario.

¿Podría esta conexión natural entre el juego y el lenguaje ser algo ancestral? ¿Es posible que el deseo de los niños de imitar, construir, explorar y comunicarse refleje la manera en que los seres humanos aprendían mucho antes de que existieran las aulas?

El juego les da un propósito a las palabras

Los niños no aprenden un idioma únicamente memorizando vocabulario o repitiendo estructuras gramaticales. Aprenden porque quieren comprender lo que sucede a su alrededor y porque desean que los demás también los comprendan.

Durante el juego, las palabras adquieren una utilidad real.

La palabra debajo deja de ser simplemente una preposición dentro de un ejercicio. Ahora ayuda al niño a explicar dónde está el osito de peluche que se había perdido:

—¡Está debajo de la mesa!

La palabra espera se vuelve necesaria cuando alguien intenta entrar en la casa de mantas antes de que esté terminada:

—¡Espera! ¡Primero tienes que llamar a la puerta!

La expresión ¿Me das…? adquiere sentido cuando el niño compra algo en una tienda imaginaria. Palabras como primero, después y finalmente se vuelven importantes cuando explica las reglas de un juego o cuenta lo que ha sucedido.

El lenguaje queda vinculado a una acción, una emoción y un momento concreto. Esto puede facilitar su comprensión y ayudar a recordarlo.

¿Por qué crean los niños mundos imaginarios?

Los niños parecen sentirse atraídos de manera natural por la posibilidad de transformar el mundo que los rodea.

Una manta se convierte en un tejado. Un palo, en una varita mágica. Una caja de cartón, en una nave espacial. Una línea dibujada en el suelo puede convertirse en un río que nadie tiene permitido cruzar.

Esta capacidad se conoce como pensamiento simbólico: comprender que una cosa puede representar otra. El pensamiento simbólico también es fundamental para el lenguaje.

Al fin y al cabo, una palabra es un símbolo. La palabra árbol no es un árbol real, pero lo representa en nuestra mente. Los sonidos que forman una palabra transmiten un significado porque las personas que hablan ese idioma han aprendido a relacionarlos con un objeto, una acción, un sentimiento o una idea.

Cuando los niños imaginan que una caja de cartón es un coche, están practicando la capacidad de utilizar una cosa para representar otra. Esto no significa que el juego simbólico enseñe directamente todos los aspectos del lenguaje, pero ambos dependen de ciertas capacidades relacionadas: la imaginación, la representación y la creación de significados compartidos.

Los niños aprenden imitando a otras personas

Si escuchamos atentamente a los niños mientras juegan, es posible que reconozcamos las voces de los adultos que los rodean.

Un niño que juega a ser profesor podría decir:

—Todos sentados, por favor.

Otro que juega a los médicos podría preguntar:

—¿Dónde te duele?

Y un niño que dirige una cafetería imaginaria quizá diga:

—¿Qué le gustaría pedir?

No se limitan a repetir frases aisladas. Están observando cómo cambia el lenguaje según la situación. Un profesor, un médico, un padre o una madre y un dependiente no siempre hablan de la misma manera.

Mediante la imitación, los niños experimentan con el tono, la cortesía y los roles sociales. Empiezan a comprender que nuestra forma de hablar depende de con quién hablamos, de lo que queremos conseguir y de lo que sucede a nuestro alrededor.

Imitar no significa simplemente copiar. Los niños suelen tomar expresiones conocidas y adaptarlas a situaciones completamente nuevas. Algo que han escuchado en el colegio puede aparecer de repente en un juego sobre animales que viajan a la Luna.

Esta combinación de imitación y creatividad es una de las características más extraordinarias del desarrollo del lenguaje.

El juego crea conversaciones reales

Cuando los niños juegan juntos, no pueden prever por completo lo que la otra persona dirá o hará.

Un niño puede anunciar que la casa de mantas es un hospital. Otro puede insistir en que es un castillo. Ahora tienen que negociar:

—Pero yo quiero ser el médico.

—Puedes ser el médico del castillo.

—¡Entonces el rey está enfermo!

La historia imaginaria cambia, pero la conversación es real. Los niños tienen que escuchar, responder y encontrar una forma de continuar.

Así pueden practicar expresiones para mostrar acuerdo o desacuerdo:

—Sí, pero…

—No, porque…

—¿Y si…?

—Hagamos esto primero.

También descubren que comunicarse correctamente no consiste únicamente en producir frases sin errores. Implica comprender las intenciones de la otra persona, respetar los turnos de palabra, detectar cuándo existe confusión y explicar una idea de otra manera cuando sea necesario.

Estas son habilidades comunicativas esenciales, tanto en la lengua materna como en cualquier otro idioma que aprenda el niño.

La importancia de la interacción recíproca

El lenguaje se desarrolla mediante la interacción. Un niño pequeño emite un sonido, señala algo o pronuncia una palabra y otra persona responde. El niño vuelve a reaccionar y comienza así un pequeño intercambio.

Los investigadores describen a veces estas interacciones receptivas como serve and return, es decir, «servir y devolver». Al igual que dos jugadores que se devuelven una pelota, el niño y el adulto responden mutuamente a sus gestos, expresiones, sonidos y palabras.

Según el Centro para el Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard, estos intercambios favorecen el desarrollo temprano del lenguaje y de las habilidades sociales.

El juego proporciona numerosas oportunidades naturales para que tenga lugar esta interacción.

El niño dice:

—Esta es mi casa.

El adulto puede responder:

—Es una casa muy pequeña. ¿Quién vive allí?

—El oso.

—¿El oso vive solo?

—No, el conejo también vive allí, pero está durmiendo.

Con solo unas preguntas, el adulto ayuda al niño a ampliar la historia y a utilizar más lenguaje. La conversación crece a partir de la idea original del niño, en lugar de sustituirla.

¿Por qué ayuda el movimiento?

Los niños rara vez juegan permaneciendo completamente quietos. Corren, señalan, esconden objetos, construyen cosas y representan historias utilizando todo el cuerpo.

Este movimiento proporciona un contexto para el lenguaje.

Un niño puede escuchar la diferencia entre caminar, correr, saltar y gatear mientras realiza esas acciones. Puede experimentar el significado de palabras espaciales como dentro, detrás, entre y encima. También puede seguir instrucciones, describir posiciones y relacionar el vocabulario nuevo con experiencias físicas.

Esto resulta especialmente útil cuando los niños están aprendiendo otro idioma. Si todavía no comprenden todas las palabras de una frase, los gestos, el movimiento y los objetos pueden ayudarlos a deducir su significado.

El lenguaje no aparece de forma aislada: está conectado con algo que el niño puede ver, tocar o hacer.

¿Podría el aprendizaje mediante el juego ser un instinto ancestral?

Los seres humanos ya se comunicaban, cooperaban y transmitían conocimientos de una generación a otra mucho antes de que existieran los colegios, los libros de texto o los ejercicios de gramática.

En las primeras comunidades humanas, los niños crecían rodeados de otras personas. Podían observar a los adultos y a los niños mayores, imitar sus acciones y participar progresivamente en las actividades cotidianas. Necesitaban aprender no solo los nombres de las cosas, sino también a colaborar, reconocer el peligro, comprender las expectativas sociales y comunicar sus necesidades.

El juego podría haberles proporcionado un espacio seguro en el que practicar algunas de estas capacidades.

Un niño que imitaba una tarea propia de los adultos podía experimentar sin enfrentarse a todas las consecuencias de cometer un error. Los juegos de perseguir, esconderse, construir o cuidar muñecos quizá permitieran a los niños desarrollar habilidades físicas, sociales y comunicativas.

Los investigadores han estudiado el posible papel del juego en la evolución cultural humana, incluido el modo en que el juego con objetos puede favorecer la creatividad y la transmisión de conocimientos. Sin embargo, resulta difícil reconstruir con exactitud cómo era la vida infantil en un pasado tan lejano. No podemos afirmar que un niño moderno que construye una casa con mantas esté repitiendo directamente una actividad prehistórica concreta.

Por eso, es más adecuado describir el aprendizaje mediante el juego como una tendencia humana profundamente arraigada, en lugar de afirmar que cada juego infantil constituye un recuerdo ancestral heredado.

Los niños no heredan recuerdos de los juegos practicados por sus antepasados. Sin embargo, pueden heredar y desarrollar capacidades que han sido importantes a lo largo de la historia humana: curiosidad, imitación, atención social, imaginación y deseo de conectar con otras personas.

¿Por qué el juego hace que aprender idiomas parezca más fácil?

Hablar otro idioma puede hacer que los niños se sientan expuestos. Quizá les preocupe elegir una palabra equivocada o pronunciar algo incorrectamente.

El juego cambia el centro de atención.

En lugar de pensar «Tengo que hablar inglés correctamente», el niño piensa «Tengo que salvar al animal», «Necesito encontrar el tesoro» o «Tengo que pedir comida en la cafetería».

El idioma sigue siendo importante, pero se convierte en una herramienta y no en el objetivo final.

Esto puede reducir la presión y animar a los niños a experimentar. Un niño puede estar dispuesto a repetir una frase varias veces porque el juego lo requiere. También puede utilizar un lenguaje ligeramente superior a su nivel habitual porque se siente motivado para mantener la historia en movimiento.

Los errores no detienen automáticamente la actividad. Si se comprende el mensaje, el juego puede continuar. Después, el profesor puede ofrecer una frase más natural como modelo sin interrumpir la confianza ni la imaginación del niño.

¿Qué puede hacer un profesor de idiomas durante el juego?

El aprendizaje basado en el juego no consiste en dejar solos a los niños y esperar que el desarrollo del lenguaje se produzca automáticamente. El profesor puede estructurar la actividad y, al mismo tiempo, permitir que la imaginación del niño siga ocupando un lugar central.

Imaginemos, por ejemplo, que un niño crea un hospital para animales. Un perro de juguete se ha lastimado una pata y un conejo tiene dolor de estómago.

El profesor puede introducir preguntas útiles:

—¿Qué ha pasado?

—¿Dónde te duele?

—¿Puede caminar el perro?

—¿Qué deberíamos hacer?

También puede presentar vocabulario nuevo:

—El perro necesita una venda.

—Vamos a examinarle la pata.

—El conejo debería descansar.

Si el niño dice «El perro duele en la pierna», el profesor podría responder de manera natural:

—Sí, el perro se ha hecho daño en la pata. Vamos a ayudarlo.

La estructura corregida se ofrece dentro de la conversación. El niño escucha una versión más natural sin sentir que el juego se ha convertido repentinamente en un examen.

Más tarde, el profesor puede repasar el vocabulario y la gramática de una forma más directa. De este modo, el juego y la enseñanza formal se complementan.

El juego también es valioso para los niños mayores

El aprendizaje lúdico no es exclusivo de los niños pequeños.

Los niños mayores pueden disfrutar de misterios, juegos de rol, simulaciones, retos y proyectos creativos. Pueden entrevistar a un famoso imaginario, resolver un crimen, planificar un viaje, diseñar una ciudad nueva o debatir qué debería hacer un grupo de personajes ante una situación difícil.

Quizá los adolescentes y los adultos no llamen «juego» a estas actividades, pero se mantienen muchos de sus elementos:

  • Existe un objetivo o un reto.

  • El estudiante tiene que tomar decisiones.

  • El resultado no es completamente previsible.

  • El lenguaje se utiliza para resolver un problema.

  • Se fomentan la creatividad y la interacción.

Un juego de rol empresarial, un debate o una actividad de escape room también constituyen formas de juego estructurado. Crean situaciones en las que el estudiante necesita utilizar el idioma para poder participar.

El niño que dibuja en la pared

A veces, el deseo natural de los niños de explorar no encaja cómodamente con las ideas de los adultos sobre cuál es el comportamiento apropiado.

Un niño dibuja en una pared, construye una casa en medio del salón o convierte todos los objetos de la vivienda en elementos de un juego. Es comprensible que los adultos se preocupen por el desorden. Sin embargo, detrás de ese comportamiento puede existir el impulso de crear, representar y comunicar.

La solución no tiene por qué ser permitir que los niños dibujen en cualquier lugar. Puede consistir en ofrecerles un espacio adecuado para expresar ese impulso: una hoja grande de papel, una superficie lavable, una pared de cartón o una caja que puedan decorar.

Este mismo principio puede aplicarse al aprendizaje de idiomas. En lugar de intentar reprimir la imaginación del niño para que se concentre en una ficha de ejercicios, podemos utilizar esa imaginación como punto de partida para la clase.

El niño que desea construir una casa puede estar preparado para aprender palabras relacionadas con las habitaciones, los muebles, los materiales, los colores y las posiciones. El que disfruta dibujando criaturas imaginarias puede describir su aspecto, sus habilidades y su personalidad. El niño que inventa historias constantemente quizá ya esté practicando uno de los fundamentos más importantes de la comunicación: organizar las experiencias para crear una narración con sentido.

¿Qué pueden hacer los padres en casa?

Los padres no necesitan transformar cada juego en una clase formal de idiomas. Un exceso de preguntas o correcciones puede interrumpir la concentración del niño y hacer que el juego parezca una tarea escolar más.

Un enfoque mejor consiste en participar en el juego con verdadera curiosidad.

Si el niño afirma que el sofá es un barco, pregúntale adónde se dirige. Si abre un restaurante imaginario, pide algo poco habitual. Si construye una casa con mantas, llama a la puerta invisible.

También puedes introducir lenguaje de manera natural describiendo lo que hace el niño:

—Estás construyendo una torre muy alta.

—El bloque azul está debajo del amarillo.

—El oso parece asustado. ¿Qué ha pasado?

También es útil repetir la frase del niño utilizando una estructura un poco más completa.

Niño:

—El dragón ir a casa.

Adulto:

—Sí, el dragón se va a casa porque está cansado.

Así, el niño recibe un modelo correcto y más completo, pero se respeta lo que quería expresar.

¿Es suficiente el juego por sí solo?

El juego es una herramienta poderosa, pero no es lo único que necesitan los niños.

También se benefician de los cuentos, las canciones, las conversaciones, las explicaciones claras, la repetición y las oportunidades para reconocer patrones. A medida que crecen, la lectura, la escritura y el trabajo gramatical más estructurados adquieren una importancia cada vez mayor.

El objetivo no es sustituir la enseñanza por el entretenimiento. Se trata de reconocer que la atención, la emoción, la curiosidad y la interacción influyen en la forma en que aprenden los niños.

Una clase de idiomas bien diseñada puede combinar elementos lúdicos y estructurados. El niño puede utilizar primero el vocabulario durante un juego, después organizar las palabras por categorías, leer un texto breve y completar una sencilla actividad escrita.

El juego proporciona significado y motivación. El trabajo estructurado ayuda al niño a observar, practicar y recordar.

El lenguaje nació como algo compartido

A veces, el lenguaje se presenta como un sistema de vocabulario y reglas gramaticales. Es ambas cosas, pero también posee un carácter profundamente social.

Utilizamos el lenguaje para llamar la atención, compartir descubrimientos, pedir ayuda, contar historias, expresar emociones y crear relaciones. Los niños empiezan a desarrollar estas capacidades mediante la interacción mucho antes de comprender qué es la gramática.

El juego reúne muchos de estos propósitos. Permite que los niños construyan un mundo compartido y utilicen después el lenguaje para mantenerlo vivo.

Quizá por eso una casa de mantas puede convertirse en un espacio de aprendizaje tan poderoso. No tiene libros de texto, pizarra ni un plan formal para la clase. Sin embargo, dentro de ella, un niño puede estar describiendo, preguntando, imaginando, negociando y conectando con otra persona.

Los objetos son corrientes. El aprendizaje no lo es.

Una reflexión final de Glossart Languages

En Glossart Languages creemos que aprender idiomas debe ofrecer oportunidades para comunicarse de manera significativa, despertar la curiosidad y favorecer la expresión personal.

Los niños necesitan orientación, repetición y estructura, pero también necesitan espacio para experimentar. Cuando pueden utilizar un idioma nuevo dentro de una historia, un juego o un mundo imaginario, no están simplemente memorizando palabras. Están descubriendo todo lo que esas palabras les permiten hacer.

Así que, la próxima vez que un niño construya una casa con mantas y diga «Puedes entrar, pero primero tienes que llamar a la puerta», llama a esa puerta invisible.

Quizá al otro lado te espere una conversación maravillosa.

¿Por qué construyen los niños casas con mantas, inventan mundos imaginarios e imitan a los adultos? Descubre cómo el juego favorece el desarrollo del lenguaje y cuáles podrían ser sus raíces en la evolución humana.

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