¿Por qué los bebés hacen gestos antes de poder hablar? | Glossart Languages

¿Por qué los bebés señalan y gesticulan antes de poder hablar? Descubre cómo los gestos, la atención compartida y la evolución humana revelan las antiguas raíces del lenguaje.

Evangelia Perifanou

10/15/20266 min leer

¿Por qué los bebés hacen gestos antes de poder hablar? Las raíces ancestrales de la comunicación humana | Glossart Languages

¿Y si el lenguaje comenzara antes de que pronunciáramos nuestra primera palabra? Descubre cómo los bebés utilizan los gestos, el señalar y la atención compartida para comunicarse, y qué podrían revelarnos estos primeros comportamientos sobre las antiguas raíces del lenguaje humano.

Antes de que los bebés puedan decir «Quiero eso», estiran la mano para alcanzarlo.

Antes de que puedan preguntar «¿Qué es eso?», señalan.

Antes de conocer las palabras hola o adiós, es posible que ya saluden con la mano, dirijan la mirada hacia un objeto o levanten los brazos para que los cojan.

La comunicación, al parecer, comienza mucho antes que la primera palabra.

Pero ¿por qué?

¿Y podría la forma en que los bebés se comunican antes de aprender a hablar decirnos algo sobre la historia más profunda del lenguaje humano?

La comunicación antes de las palabras

Durante los primeros años de vida, los niños descubren poco a poco que pueden utilizar su cuerpo para comunicar sus intenciones.

Un dedo señalando puede significar:

Mira eso.

Los brazos extendidos pueden significar:

Cógeme.

Mover la cabeza de un lado a otro puede comunicar:

No.

Estos gestos pueden parecer sencillos, pero detrás de ellos está ocurriendo algo extraordinariamente complejo.

El niño está descubriendo que otra persona puede comprender una señal, seguir su atención y responder a lo que intenta comunicar.

Esto se vuelve especialmente interesante cuando los bebés empiezan a señalar.

No siempre señalan porque quieran algo.

A veces simplemente quieren que otra persona se fije en lo mismo que ellos.

Un niño ve un perro, lo señala y mira a su madre o a su padre.

El adulto sigue su gesto:

«¡Perro!»

Durante un breve instante, el niño y el adulto están centrando su atención en lo mismo.

Esto se conoce como atención conjunta, y desempeña un papel importante en la comunicación temprana y en el desarrollo del lenguaje.

Un dedo que señala puede convertirse en una palabra

Imaginemos a un bebé señalando un pájaro.

Un adulto se da cuenta y dice:

«Pájaro».

El niño escucha un sonido mientras observa el objeto.

Otro día vuelve a escuchar la palabra.

Poco a poco, los sonidos empiezan a adquirir significado.

Por supuesto, los niños no aprenden vocabulario simplemente porque los adultos nombren todo aquello que señalan. El desarrollo del lenguaje es mucho más rico. Los niños escuchan, imitan, experimentan e interactúan con las personas que los rodean.

Pero la atención compartida crea oportunidades valiosas para que las palabras y los significados se encuentren.

Antes de que los niños puedan producir cientos de palabras, ya disponen de otro recurso:

su cuerpo.

¿Comenzó el lenguaje humano con los gestos?

Esto nos lleva a una pregunta mucho más amplia.

Si los gestos aparecen de forma tan natural en la comunicación temprana, ¿podrían decirnos también algo sobre la evolución del lenguaje humano?

Existen teorías que sugieren que los gestos pudieron desempeñar un papel importante en la evolución de la comunicación humana. Es posible que nuestros antepasados combinaran movimientos, expresiones faciales y vocalizaciones a medida que se desarrollaban sistemas de comunicación cada vez más complejos.

Pero existe una limitación importante.

No podemos observar las primeras conversaciones humanas.

El lenguaje hablado no deja fósiles.

Por eso, no podemos afirmar con seguridad que los seres humanos se comunicaran primero mediante gestos y que solo después desarrollaran el habla. El origen del lenguaje continúa siendo objeto de debate, y los gestos son solo una parte de una historia mucho más amplia.

Sin embargo, hoy podemos observar algo con facilidad:

Aprender a hablar no hace que nuestros gestos desaparezcan.

Seguimos hablando con las manos

Observa a dos personas manteniendo una conversación animada.

Sus manos se mueven.

Señalan.

Representan tamaños y distancias.

Indican direcciones.

Se encogen de hombros.

Sus expresiones faciales cambian.

A veces incluso gesticulamos mientras hablamos por teléfono, aunque la persona que nos escucha no pueda vernos.

Nuestro cuerpo sigue participando en la comunicación incluso cuando disponemos de miles de palabras.

Piensa en cómo intentarías describir una escalera de caracol, el tamaño de un pez que has pescado o el camino que alguien debe seguir para llegar a un lugar.

Es posible que tus manos empiecen a moverse antes incluso de que decidas conscientemente qué hacer con ellas.

Los gestos no son simplemente una decoración que añadimos al habla.

Pueden formar parte de la manera en que organizamos y expresamos el significado.

Cuando las palabras y las manos trabajan juntas

Esta relación se hace especialmente visible cuando buscamos una palabra.

Imagina que intentas explicar algo en un idioma que todavía estás aprendiendo.

Sabes lo que quieres decir.

Pero la palabra no aparece.

Tus manos toman el relevo.

Señalas.

Representas la forma.

Imitas la acción.

La otra persona intenta adivinarlo.

«¿Tijeras?»

«¡Sí! Tijeras.»

Y la conversación continúa.

Había un vacío momentáneo en tu vocabulario, pero la comunicación no se detuvo.

Este es uno de los aspectos más interesantes del lenguaje: el significado no existe únicamente dentro de las palabras.

Utilizamos la voz, el ritmo, las expresiones faciales, el contacto visual, el movimiento y el contexto para ayudar a otra persona a comprendernos.

¿Qué significa esto para el aprendizaje de idiomas?

Una clase de idiomas puede aprovechar esta misma conexión.

Imagina que estás aprendiendo:

abrir

cerrar

arriba

abajo

grande

pequeño

El profesor podría traducir cada palabra.

O podría decirla mientras realiza el movimiento correspondiente.

Ahora el estudiante tiene algo más que una traducción para recordar.

La nueva palabra se ha conectado con un movimiento, un contexto y un significado.

Los gestos también pueden ayudarnos a mantener una conversación cuando todavía no disponemos de todo el vocabulario que necesitamos.

Y esto es importante porque la comunicación no tiene que esperar hasta que nuestro dominio de un idioma sea perfecto.

Si puedes describir, señalar, representar, hacer una pregunta o encontrar otra manera de expresar una idea, puedes seguir formando parte de la conversación.

A veces, la habilidad más útil al aprender un idioma no consiste en conocer todas las palabras.

Consiste en saber cómo continuar cuando no las conocemos.

¿Es esto una memoria ancestral?

Hay algo atractivo en describir estos comportamientos como memorias ancestrales.

Un bebé señala sin que nadie le haya enseñado formalmente cómo mantener una conversación.

Un niño utiliza su cuerpo para comunicarse antes de poder explicar qué significa comunicarse.

Los adultos seguimos gesticulando incluso cuando hablar se ha convertido en algo completamente natural.

Puede parecer que estamos viendo aparecer ante nosotros algo muy antiguo.

Pero debemos tener cuidado con la palabra memoria.

Un bebé no está recordando a un antepasado que señaló algo hace miles de años. No existen pruebas de que determinados gestos o idiomas se almacenen como recuerdos heredados.

Lo que los seres humanos sí heredamos son capacidades biológicas que se desarrollan mediante nuestra interacción con el mundo y con otras personas.

Por eso, nuestra capacidad para comunicarnos mediante gestos puede tener raíces evolutivas muy antiguas sin constituir una memoria ancestral en sentido literal.

Y esta diferencia hace que la idea sea todavía más interesante.

No estamos recordando una conversación antigua.

Estamos utilizando una capacidad humana que quizá sea, ella misma, extraordinariamente antigua.

Quizá el lenguaje comience antes de la primera palabra

Solemos celebrar la primera palabra de un niño.

Mamá.

Papá.

Perro.

No.

Parece el comienzo del lenguaje.

Pero quizá sea más difícil determinar dónde empieza realmente.

Quizá comenzó antes.

Cuando un bebé siguió la mirada de otra persona.

Con una mano extendida.

Con un dedo señalando.

Con el descubrimiento de que mirar hacia algo puede hacer que otra persona también mire.

Mucho antes de poder construir frases, los niños ya empiezan a comprender uno de los principios más extraordinarios de la comunicación humana:

Algo puede existir en mi mente y yo puedo ayudar a otra persona a comprenderlo.

Las palabras llegarán después.

Quizá el lenguaje no comience con la primera palabra que pronuncia un niño.

Quizá comience con el descubrimiento de que otro ser humano puede comprender lo que queremos decir.

¿Qué crees que aparece primero: el lenguaje o el deseo de ser comprendidos?

¿Y si el lenguaje comenzara antes de que pronunciáramos nuestra primera palabra? Descubre cómo los bebés utilizan los gestos, el señalar y la atención compartida para comunicarse, y qué podrían revelarnos estos primeros comportamientos sobre las antiguas raíces del lenguaje humano.

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